lunes, 24 de diciembre de 2007

Feliz Navidad y feliz yo

Feliz Navidad

[sin más y pa todos, sin distinción]


Pero más feliz estoy yo. Feliz desde mi vuelta tan esperada y reponiendo fuerzas para volver, para estudiar, que ya toca, para ponerme en serio con el italiano. Y mientras, aprovecho para tener sueños relajados, sin intrusos en mi mente ni en mi vida. Pasar tiempo con los que quiero: amigos y familia. Enseñar fotos, repartir regalos y souvenires varios.

Un esguince en el pie me ha venido a decir que ya basta de ritmo desenfrenado, que hay que parar un poquito de vez en cuando. Estas van a ser unas buenas navidades, lo siento y presiento.

Lo dicho... disfrutad de Nochebuena. Yo la paso con mis abuelos, todos juntos, con mi primo de siete años abriendo regalos y dando guerra. Y mañana por fin conozco a mi peque-primo Rubén. Nació a finales de agosto, pero su cuerpo aún es pequeñito y tiene que crecer.

Y como estoy sensible, pues a lo mejor me da por llorar... pero de alegría.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Las luces de navidad matan más que el tabaco

Primero fueron meses, luego semanas y ahora son días. Gasto el tiempo contando y me pregunto si llegaré a contar las horas. Esperando, haciendo tiempo. Ya quedan pocos, porque la gente se va marchando y yo soy de las últimas. El sábado hubo despedida a los que se iban a Roma en tren. Mañana hay otra despedida. Violeta me acompañará un rato, pero luego cada una hará su camino.

El jueves llega mi turno y quiero estar preparada cuanto antes. Mañana mismo ultimo las compras navideñas (a todos nos afecta el consumismo) y ya el martes meto las cosas en la maleta. Esta vez irá medio vacía, porque mi ropa se queda en el armario metida, esperando mi llegada con más ropa de abrigo.

Por si alguien no lo sabe, se suponía que aquí hacía buen tiempo y ahora resulta que hace mucho frío. El otro día nevó, algo que no ocurría aquí desde hace media década. El caso es que aunque haya suerte y ese día no toque lluvia, la humedad siempre se te cala en los huesos.

Y resulta que ahora quiero dormir no puedo. Así que mañana, cuando quiera despertar, él volverá a ser el dueño de mis sueños. Quiero volver a casa con mi gente y comer turrón de chocolate. Y dejar de pensar en comer porque eso es lo único que hago en todo el día: comer a deshoras y dormir hasta el mediodía. Pasar media noche en vela, acordarme de su sonrisa y convencerme de que no la necesito cada mañana a su lado.

Quiero cerrar los ojos y que cuando los abra esté en mi cuarto de Toro. Sólo son 4 noches las que tengo que dormir en esta cama pequeña, con esta almohada incómoda, en esta habitación heladora y deseando estar en otro sitio.

¿Serán las luces de la Navidad las que me han vuelto tonta?

martes, 11 de diciembre de 2007

Mi termostato

Suena el reloj del termostato del salón y recuerdo lo que escribí anoche cuando no me dormía y aún no te habías adueñado de mi sueño. Ladrón de sueños, te advierto, cuento con los dedos de mis manos los días que faltan aún, así que deja de invitarte a mis noches, que nuestra noche ya está cerca y estas diez que nos quedan las reservo para mí.



Sueño.
Y me despierto cada día
empapada en sudor, llena de vida.

El alba empieza a verse a través de mi ventana,
pero yo sólo quiero seguir soñándote.
Y mi mano que roza tu espalda
escondida entre las sábanas.

Dormir juntos,
aislados del mundo que nos rodea.
Cada momento es un mundo,
cada instante es especial.

Amanecer unidos en mi palacio de hielo,
cuando fuera del cuarto nieva o calienta la mañana.
Tu cuerpo y mi cuerpo
marcan la temperatura.

No hay frío,
no hay calor.
Sólo somos tú y yo,
el termostato de nuestras vidas.

martes, 4 de diciembre de 2007

Vuelta a la normalidad, si se puede llamar así

Recién llegada de Estocolmo y Londres. He pasado mucho frío, casi tanto como sueño, pero mereció la pena. Dos ciudades contrapuestas, de la Stocolma tranquila y el caos de esta Londra.
Y ahora debería volver a la normalidad en estos 15 días que me faltan antes de volver a España, pero ocurre que aquí los días nunca son normales. Cada momento es diferente en esta loca vida desorganizada, en la que los días pasan y siento que no hago nada.
Puede que esté demasiado acostumbrada a no tener tiempo para mí... puede que no sepa no hacer nada.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Lentejas al estilo de mamá

Huelo la comida mientras se hace y las lentejas me recuerdan a mi madre. No es que la eche de menos, porque cuando estamos juntas nos pasamos el día dándonos voces, pero echo en falta su compañia y su consejo, que siempre intenta ser sabio.

Hoy me desperté en un fumadero de opio, o eso me pareció el cuarto de Zoe, del que se ha apropiado el olor a tabaco. Con Violeta despertamos a las demás a ritmo de "Libre, como el sol cuando amanece yo soy libre... como el mar" y para casa. Dos soporíferas horas de italiano y volví a casa para poner a cocer agua.
Dos patatas, una zanahoria, un montón de lentejitas y trocitos del chorizo que me envió mamá hace unos días. Y pastilla de caldo, que aquí no hay tiempo para hacerlo casero como el que ella me enseñó a hacer. En realidad mi madre no me enseñó a cocinar, pero aquí, lejos de casa, me he dado cuenta de que sé hacer muchas cosas sólo de verla a ella.
Sin saberlo, mi madre ha sido mi maestra

martes, 20 de noviembre de 2007

La vida es chula


Ayer fue un día chulo y con buenos momentos.

Amaneció pronto para devolver el coche que nos ha llevado por todos los rincones de la Puglia durante este acelerado fin de semana. Luego fui a mi primera clase de Estética y a la de Sociologia dell ambiente e del territorio, cuyo profesor nos ha pasado todos los apuntes. Ya era hora de que nos encontrásemos a un profesor majete.
Pero eso no fue lo bueno del día... digo que la vida es chula porque ayer hablé con Ana Pàst, la persona que más utiliza la palabra "chula" y me hizo muchísima ilusión oir su voz, igual que la de su madre y su hermana, después de dos meses. Parece que no, pero es tiempo. Y nosotras dos necesitaremos también mucho tiempo libre en Navidades para ponernos al día de nuestra vida. El lugar de reunión, probablemente, será el bar de la Plaza Bollos de Hito, ése tan chulo donde ponen música de Amaral y Jorge Drexler.
También hablé con mi abuela, mi abuelo, mi tía y mi tío. Fue un día de largas conversaciones. Lo malo es que mi primo estaba ya en la cama... pobre, sus padres lo tienen agotado con tanta actividad extraescolar.
Y también hubo tiempo para conversaciones vía messenger. Una muy esperada, que llegó de mano de la gastronteritis (o como se escribe) y con casi dos meses de retraso. Me quedo más tranquila sabiendo que tengo alguien especial que de vez en cuando se acuerda de mí desde su ajetreada vida zamorana.
¡¡Qué bonito día!!
[foto: Volviendo de Nápoles desde el tren]

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Cinco años desde el desastre


Fue un día 13 de noviembre. No cayó en martes como ayer, pero como si lo hubiese sido, porque ese día se derramaron a 250 kilómetros de las costas gallegas 63.000 toneladas, después de que explotara uno de los tanques del Prestige. Un "barquito" cargado con nada más y nada menos que 77.000 toneladas de fuel, valoradas en 60 millones de euros. Las autoridades tomaron decisiones erróneas (Fraga no, ya que por entonces estaba demasiado ocupado cazando) y al final se armó la de Dios es Cristo.

Yo recuerdo la noticia algo lejana... hace 5 años supongo que estaría en bachillerato. Recuerdo haber visto en la tele "un naufragio más de un barco"... pero el pequeño naufragio sin importancia pasó a ser un desastre ecológico, que afectó también a la economía gallega. Me acuerdo de tragarme debates nocturnos en Crónicas Marcianas, en los que participaban representantes de la plataforma Nunca Mais, igual que recuerdo haber dibujado la bandera negra y azul en mis cuadernos y haber llevado la pegatina. Incluso creo recordar la envidia que me daba la gente que podía irse a limpiar. Yo no podía; tenías que ser mayor de edad y, de todas formas, mi madre no me dejaba.

Fueron las Navidades de hace 5 años cuando hubo un chico gallego que se quedó con el mote de chapapote (por ser gallego y algo pegajoso). El verano siguiente Maite, Sofi y yo descubrimos en Euskadi qué era eso de las Galletas de chapapote cuando se quedaron pegadas a nuestros pies en la playa de Zarautz. O las vimos más de cerca cuando hicimos submarinismo cerca del ratón de Guetaria y veíamos los restos del chapapote que hasta allí habían llegado.

Se supone que las labores de recogida del petróleo que quedaba en el barco han finalizada y ahora, según he leído, se han soldado los agujeros del casco para que la bacterias hagan su trabajo y así el degradado de fuel termine en el año 2020.

Hoy que hablo de Galicia me pongo melosa y me acuerdo de Sofia, que está lejos como yo y que la echo de menos mucho. Te mando un mail a Vigo para que te acuerdes de esta amiga. Pero no sólo tengo que acordarme de Galicia, sino de todo el Norte de España, que continúa llorando petróleo.