miércoles, 3 de julio de 2013

Crecer

Hacerse mayor significa que lo hay que hacer se hace porque uno quiere, no porque lo digan mamá y papá. Es pasar de niña a mujer, sin vuelta atrás. Quiero creer que estoy donde quiero estar. O donde me dejan. Que tomo mis propias decisiones como adulta y que he crecido. ¡Soy mujer, ala! 

Y entonces... 

Entonces dejo aparcada durante dos meses la admisión a másters universitarios. Pospongo para hoy, mañana y la semana que viene lo de labrarme un futuro. Me estreso, relajo, re-estreso y me entra fatiga. Me pongo una serie de las que evitan pensar. Miro el Facebook. Me deprimo porque la gente empieza a subir fotos de piscina y el único día soleado en Cambridge hasta hoy lo he tenido que pasar sirviendo proseco en una carpa del Magdalene college. 

¿Y luego qué? 

En dos meses ¡¡Ya!! meto mi vida en una maleta y me mudo de nuevo. Esta vez no me voy sola y me voy a territorio amigo. Es un gran alivio, aunque la pena por las despedidas y la incertidumbre por el comienzo de una nueva etapa siguen rondando mi cabeza. Crecer es muy chungo, mucho. Pero si se hace en compañía es más llevadero. 

jueves, 4 de abril de 2013

Perdida

Soy una más de esa generación perdida. A mí, como a tantos otros, nos dijeron que podíamos cambiar el mundo si nos lo proponíamos. Sucumbimos rápido a los mensajes de las películas americanas, que nos bombardeaban con lo malo que sería ser un perdedor. Mejor avanzar. Progresar. Nuestros padres, como antes habían hecho los suyos, se esforzaron para tirar para adelante y darnos un mejor futuro. Mejor que su presente. 

Por eso mis padres, como tantos otros padres españoles, me llevaron a clases de Taekwondo y de música. Pagaron mis autobuses a Zamora y me esperaron a las diez de la noche para conducir de vuelta a casa con niebla o sueño. Pagaron mis estudios, mi residencia, mi piso. Todos mis billetes de autobús desde Valladolid para que trabajara de becaria y todos los abonos de Metro para que ampliara mi experiencia profesional. 

Y a día de hoy mi vida, como la de mis padres, los tuyos o los de otros tantos, va a peor. Somos los perdedores de las películas americanas. ¿Para qué se esforzaron tanto mis padres? ¿Para qué me esforcé yo? Al final los ganadores y los perdedores estamos igual de perdidos. Sin rumbo. Sin progreso. Yo, sin futuro. Mi familia, sin mí. Somos varias generaciones las perdidas. 

domingo, 24 de febrero de 2013

Dear Garbancito

Naciste. Así de repente. En 20 minutos ya me habías hecho tía. Te vimos y me entraba algo así en la garganta. Te cogí y ya no te soltaría. Me quedaría mirando eternamente tu nariz. Acariciando tu pelo, atenta a tus puños cerrados y relajada. Muy calmada. Muy contenta.

Pero que nadie se equivoque, porque yo... 
No veré tu primer diente ni te cantaré canciones de cuna, no. 
No te cuidaré mientras tus padres se van de parranda ni te echaré la bronca, no.
No te contaré cuentos en la bañera ni en la cama, no.
No te diré si el coco existe o es mentira, no.
No te sacaré de paseo por la plaza ni te cuidaré mientras tus padres se van de fiesta, no.
No mediré cuánto creces en la pared, no.
No te diré que eres el niño más guapo del mundo aunque lo seas, no. 
No te veré cada día más que por foto, no.

Pero eres mi garbancito, mi sobrino. 
Nunca hubiera imaginado que ser tía fuera tan duro. Tan precioso, cursi y emotivo. Todo a la vez. 
Me tienes encandilada, pero me tienes.

Pensar en todo lo que me perderé de tu vida es lo peor que me había pasado en toda mi vida. 

domingo, 27 de enero de 2013

expiración

Inspiración
¿Dónde te has quedado? 
Ni ganas, ni tiempo,
ni un solo momento. 
No encuentro. 
No hallo manera de verlo. 
Lo tengo, se va. 
Se marcha, no vuelve. 
La inspiración ya no es tal. 
Ha expirado. 

Ipswich,. All rights reserved

domingo, 2 de diciembre de 2012

Ellos y ellas: Mis estudiantes

Hoy leyendo esta noticia en "El País" me he acordado de una conversación que tuve con alguien hace unos días sobre los estudiantes de EF con los que trabajaba. Hablábamos de que los estudiantes chinos y de Europa del Este venían, casi todos, con iphone y ipad. Casi sin excepción. En España EF es bastante popular, por lo que no pensaba que el nivel económico de las familias que envían a sus hijos a aprender inglés en verano fuera tan alto. En efecto, españoles había muy pocos. Se ve que sí sale caro mandar a tus hijos tres semanas a Cambridge. 

Sin embargo, hay un grupo de estudiantes que sí pasan todo o casi todo el verano en Inglaterra. Estos estudiantes vienen a Cambridge en junio sin mucha idea de inglés huyendo del calor y sin preocuparse por el dinero que sus padres tengan que pagar. Me refiero a estudiantes de Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Arabia Saudí, entre otros. 

Desde que empecé a trabajar me llamaron la atención estos estudiantes. Siempre juntos, hablando más árabe que inglés. Muy atentos en clase, muy disciplinados, decían las profesoras de inglés. Pero difíciles de manejar en sus ratos libres, que es cuando yo tenía que lidiar con ellos. El primer día uno  de los chicos me dijo "eso podría comprarlo yo", después de enseñarle el Corpus clock de oro, que costó un millón de libras . El resto de los días tenían por costumbre desaparecer en medio de una actividad si no les interesaba: daba igual si tú estabas en un museo o en un zoológico en otra ciudad. Además, eran los únicos menores de edad autorizados a viajar solos a Londres. Una llamada de sus padres a mis jefes autorizaba todo el proceso. Y listo. 

Hasta hace unos días no me di cuenta de que este grupo internacional de estudiantes árabes estaba únicamente formado por hombres. Ni una mujer. No resulta sorprendente, ¿Verdad? Pues yo no me había parado a pensar que no había mujeres árabes entre mis estudiantes hasta hace unos días. De hecho, cuando me contaban de su vida nunca les oí hablar de ninguna hermana, aunque varios me comentaron que tenían hermanos estudiando en EE.UU. o Inglaterra. ¿Casualidad? No lo creo. 

Uno de los niños árabes estaba loquito por una niña israelí. En el grupo israelí las mujeres eran mayoría aplastante. La chica estaba extrañada de que el árabe se pasara el día haciéndole fotos con su cámara réflex.  Supongo que no había visto nunca a una niña morena con ojos azules. Cuando ella me explicó su extrañeza yo le dije "es que tienes unos ojos muy bonitos" y se quedó sonrojada. Ese día ya no dio guerra. Pero en los 15 días que estuvo el grupo israelí en Cambridge aprendí que eran tan difíciles de manejar como el grupo de niños árabes. Chicos árabes y chicas israelíes: los dos grupos con los que agotaba mi paciencia. 

jueves, 11 de octubre de 2012

El año que conocí a un premio Nobel

King's college choir
Hacía frío o llovía. Quizás las dos cosas. Estábamos tomando un cream tea en Auntie's tea shop y en el último momento nos decidimos. Pasaban 25 minutos de las cinco. Demasiado apuradas. Cuando entramos en los jardines del college, las campanas estaban sonando, como diciendo "llegáis tarde". Móviles apagados, entrando en la iglesia abarrotada de gente y nos para un señor. Nos iba a mandar a la última silla, donde no se ve nada. Nos resignamos: somos unas tardonas. A punto de sentarnos, el hombre lanzó una pregunta: ¿Sois miembros de la Universidad de Cambridge? "Yes, students", le solté. Pasen por aquí, nos dijo. 

Los ojos de María me miraban como diciendo "estás loca" mientras nos sentábamos justo al lado del coro, junto a un señor cabizbajo que esperaba la misa. María y una servidora estábamos sentadas junto a un futuro premio Nobel, solo que ni él ni yo lo sabíamos. Estábamos más preocupadas por que nadie nos hablara y se diera cuenta de que no teníamos nada que ver con la Universidad de Cambridge. ¿Será pecado colarse en misa de cinco y media en el King's College chapel?

Magdalene college's formal hall
Unos meses más tarde, de vuelta en Cambridge sin María, me puse a buscar trabajo. Un día después lo encontré en el Magdalene college. De camarera. Mi trabajo consistía en poner platos en unas mesas alargadas y limpiarlos cuando los estudiantes terminaban. Rellenar jarras de agua, a veces servir el café y poco más. Al principio no entendía mucho, pero ahora sé lo que me piden; algo he mejorado. A veces también servimos a fellows. Son a los que no te conviene manchar: gente importante, profesores, científicos, matemáticos... a veces hasta me da apuro cuando tienes que servirlos. Cuando la cena termina, los fellows se levantan, dan gracias y suben las escaleras hacia otro salón, en el piso superior del college. Así es como un día reconocí al hombre tranquilo que habíamos visto en misa. 

El lunes iba a leer las noticias en La Opinión de Zamora cuando vi su cara junto al titular. Se llama John Gurdon y esta semana le han concedido el Premio Nobel de Medicina, compartido con Shinya Yamanaka. A Gurdon su profesor de ciencias le desanimó a ser científico. Se hizo de letras, pero le picó el gusanillo y acabó pasándose a las ciencias. Ayer volví a ver a Gurdon después de ser galardonado. Sigue teniendo esa mirada perdida, ese aire cabizbajo. Pero parece más feliz. Y yo, también estoy contenta. Nunca hubiera pensado que trabajando de camarera tendría la oportunidad de dar de comer a un premio Nobel.