Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de marzo de 2014

Miles de cosas bonitas

Hace tanto que no escribo, que casi se me había olvidado que tengo un blog en español. Perdóname blog y perdonadme los pocos fieles lectores y el anónimo que me pone comentarios guarros, como para desquitarse de no haberme dicho a la cara lo que ahora me sugiere. 

Pido perdón por no haberos contado el giro que ha dado mi vida. Como he vuelto a ser estudiante full time y cómo me codeo con celebrities en mi trabajo part time. 

Tampoco os conté que mi primer día de clase estaba tan nerviosa como cuando, con 18 años, un veterano de periodismo no gastaba novatadas en nuestro primero día de clase. Ni que era la única hispanohablante de mi máster (desde la semana pasada hay un chico Venezolano). 

Y, mientras no actualizaba mi blog, he creado otro en inglés, varios perfiles en redes sociales, he leído papers y libros que nunca imaginé que podría entender en inglés.

También pasé mis primeras Navidades fuera del hogar y me perdí los primeros pasos de mi sobrino, que no me conoce pero está encantado de tener mi habitación de Toro para él solo.

En definitiva, aunque eche de menos gente y momentos, tengo una colección de cosas bonitas que me mantienen viva y me hacen feliz. 

jueves, 4 de abril de 2013

Perdida

Soy una más de esa generación perdida. A mí, como a tantos otros, nos dijeron que podíamos cambiar el mundo si nos lo proponíamos. Sucumbimos rápido a los mensajes de las películas americanas, que nos bombardeaban con lo malo que sería ser un perdedor. Mejor avanzar. Progresar. Nuestros padres, como antes habían hecho los suyos, se esforzaron para tirar para adelante y darnos un mejor futuro. Mejor que su presente. 

Por eso mis padres, como tantos otros padres españoles, me llevaron a clases de Taekwondo y de música. Pagaron mis autobuses a Zamora y me esperaron a las diez de la noche para conducir de vuelta a casa con niebla o sueño. Pagaron mis estudios, mi residencia, mi piso. Todos mis billetes de autobús desde Valladolid para que trabajara de becaria y todos los abonos de Metro para que ampliara mi experiencia profesional. 

Y a día de hoy mi vida, como la de mis padres, los tuyos o los de otros tantos, va a peor. Somos los perdedores de las películas americanas. ¿Para qué se esforzaron tanto mis padres? ¿Para qué me esforcé yo? Al final los ganadores y los perdedores estamos igual de perdidos. Sin rumbo. Sin progreso. Yo, sin futuro. Mi familia, sin mí. Somos varias generaciones las perdidas. 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Ellos y ellas: Mis estudiantes

Hoy leyendo esta noticia en "El País" me he acordado de una conversación que tuve con alguien hace unos días sobre los estudiantes de EF con los que trabajaba. Hablábamos de que los estudiantes chinos y de Europa del Este venían, casi todos, con iphone y ipad. Casi sin excepción. En España EF es bastante popular, por lo que no pensaba que el nivel económico de las familias que envían a sus hijos a aprender inglés en verano fuera tan alto. En efecto, españoles había muy pocos. Se ve que sí sale caro mandar a tus hijos tres semanas a Cambridge. 

Sin embargo, hay un grupo de estudiantes que sí pasan todo o casi todo el verano en Inglaterra. Estos estudiantes vienen a Cambridge en junio sin mucha idea de inglés huyendo del calor y sin preocuparse por el dinero que sus padres tengan que pagar. Me refiero a estudiantes de Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Arabia Saudí, entre otros. 

Desde que empecé a trabajar me llamaron la atención estos estudiantes. Siempre juntos, hablando más árabe que inglés. Muy atentos en clase, muy disciplinados, decían las profesoras de inglés. Pero difíciles de manejar en sus ratos libres, que es cuando yo tenía que lidiar con ellos. El primer día uno  de los chicos me dijo "eso podría comprarlo yo", después de enseñarle el Corpus clock de oro, que costó un millón de libras . El resto de los días tenían por costumbre desaparecer en medio de una actividad si no les interesaba: daba igual si tú estabas en un museo o en un zoológico en otra ciudad. Además, eran los únicos menores de edad autorizados a viajar solos a Londres. Una llamada de sus padres a mis jefes autorizaba todo el proceso. Y listo. 

Hasta hace unos días no me di cuenta de que este grupo internacional de estudiantes árabes estaba únicamente formado por hombres. Ni una mujer. No resulta sorprendente, ¿Verdad? Pues yo no me había parado a pensar que no había mujeres árabes entre mis estudiantes hasta hace unos días. De hecho, cuando me contaban de su vida nunca les oí hablar de ninguna hermana, aunque varios me comentaron que tenían hermanos estudiando en EE.UU. o Inglaterra. ¿Casualidad? No lo creo. 

Uno de los niños árabes estaba loquito por una niña israelí. En el grupo israelí las mujeres eran mayoría aplastante. La chica estaba extrañada de que el árabe se pasara el día haciéndole fotos con su cámara réflex.  Supongo que no había visto nunca a una niña morena con ojos azules. Cuando ella me explicó su extrañeza yo le dije "es que tienes unos ojos muy bonitos" y se quedó sonrojada. Ese día ya no dio guerra. Pero en los 15 días que estuvo el grupo israelí en Cambridge aprendí que eran tan difíciles de manejar como el grupo de niños árabes. Chicos árabes y chicas israelíes: los dos grupos con los que agotaba mi paciencia. 

sábado, 7 de enero de 2012

Last year; New life

El 2011 se va y me deja un sabor dulce-amargo. Este año lo he vivido en cinco partes y cuatro ciudades (Madrid-Perú-Toro-Cambridge), con altibajos emocionales y semanas de estrés límite, salpicados con momentos de extrema relajación. 

Este año ha sido un año de aprender. Aprendí cómo enseñar a los demás. Aprendí que me cuesta quedarme quieta. Me costó darme cuenta de que no podía quedarme en Madrid, pero ahora lo sé. Aprendí a mirar más allá de lo aparente, a no dejarme llevar por la fachada. Aprendí que a veces hay que sufrir y otras, simplemente, dejarse querer. Y lo que me queda de aprender... 

Del 2011 salgo con muchos más amigos. Queriendo y sintiéndome querida. Con más ilusión de la que tenía cuando el año empezaba. Con miedo en el cuerpo, con incertidumbre, pero con el convencimiento de que es lo que tengo que hacer. El tiempo dirá si somos felices o nos tiramos los trastos a la cabeza. 

Mientras espero mi regalo de Reyes, os deseo y me deseo un feliz año nuevo. 

 
Cambridge no tiene playa, pero te tiene a ti 
Cierro los ojos, llévame

miércoles, 12 de octubre de 2011

Mi verano resumido en siete minutos


El domingo conté mis experiencia en Perú a la gente de la ONG Bajar a la Calle Sin Fronteras. Aquí os dejo un resumen que utilicé y que recoge, en siete minutos, todo un verano. 

jueves, 29 de septiembre de 2011

Buscar trabajo cansa

Desde mi vuelta a España he estado haciendo lo mismo que cuatro millones de españoles: buscar trabajo. Y he de decir que, hasta el momento, sin resultado. Está chungo lo del periodismo. ¿Quién habló de futuro laboral negro? Es presente negro. Así que, después de hacer y rehacer currículums y cartas de motivación, en inglés y español, rellenar decenas de formularios por internet y ver ofertas... y más ofertas... y más... hace poco me compré un vuelo. Me marcho otra vez, sí. 

Hace unos meses me uní a un grupo de Facebook que decía: "En España, cuando se termina la Universidad hay tres salidas: por tierra, por mar y por aire". Yo escojo el aire. El 18 de octubre embarco hacia Inglaterra, destino Cambridge. Será solo por dos meses y para estudiar cuatro o cinco horas al día inglés a saco. Examinarme del First y mejorar inglés. 

Y después... Navidades. El resto de mi futuro os lo desvelaré en año nuevo. O en Nochevieja, si se me sube el cava. 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Un colegio para olvidadizos

El pasado jueves fui a comer a un restaurante con mi abuelo y sus compañeros de clase. Los familiares nos reuníamos porque hoy es el día de la lucha contra el Alzheimer. Mi abuelo no tiene esta enfermedad, pero igualmente le beneficia ir todas las mañanas al centro de día donde hacen actividades. Unos días musicoterapia, otros escritura, cuentas o simplemente charlar. Él está entretenido y de mejor humor y mi abuela descansa un poco de estar pendiente todo el día de otra persona. 


Hace un rato decían en la radio que hoy es el día para acordarse de los enfermos y de sus cuidadores. Porque, en algunas fases de la enfermedad, la persona no se acuerda de qué comió el día antes, pero tiene una memoria exquisita de sus días de niñez. Uno de los compañeros de mi abuelo se pasa el día jugando y cantando, otro tira de la falda a las mujeres como si fuera el patio del recreo y otra se ha vuelto coqueta desde que empezaron los primeros síntomas.

Los ves juntos en clase y te das cuenta de que se han vuelto niños. La diferencia, además de la edad, es que los niños aprenden y ellos olvidan. Poco a poco. Lentamente y, a veces, de repente. Es una enfermedad degenerativa y, como todas, va machacando a quienes les rodean. Por eso hoy me quiero acordar de los cuidadores. De quienes levantan, asean, visten y llevan a los talleres a los enfermos de Alzheimer. De quienes se preocupan por buscar fondos e instalaciones donde poder trabajar con ellos. De quienes tienen que ser fuertes para poder cuidar a niños de 70 años.

lunes, 8 de agosto de 2011

Falta la plata

El problema principal de casi todos los peruanos con los que he hablado es uno: falta plata. Cuando visité los colegios de la región de Amazonas tuvimos la oportunidad de hablar con los propios profesores y ellos nos contaban qué necesidades tenían. Y son muchas.

Dejando aparte el hecho de que en Perú nadie puede beber agua directamente del grifo, las necesidades a veces son cosas que se dan por hecho. Como tener una carretera o camino que lleve al pueblo y que no se bloquee cuando llueve, algo que ocurre cada poco. O una línea de teléfono o, en su defecto, cobertura móvil. Ya no hablamos de Internet...

Estoy hablando de que con muy poco dinero aquí se pueden hacer muchas cosas. En el colegio de El Porvenir estaban contentísimos porque una asociación española les había regalado un ordenador y porque, con el dinero del café que cultivaban en la chacra del colegio, habían podido comprar vídeos. Un simple reproductor de vídeo cambia el día a día de todo un colegio... alucinante.

En Bellavista un colegio había tenido que poner dos turnos de clases porque se había venido abajo uno de los edificios... en enero. Aún estaban esperando a recibir fondos para volver a levantarlo. Ese mismo colegio tenía un taller de carpintería equipado y cerrado, porque ni el Ministerio ni la Municipalidad pagaban un profesor que supiera manejarlo.

Y más de cerca... Michel (léase Maicol), el hijo de la cocinera, tiene que pagar 120 soles cada tres meses para estudiar. Las chicas que estudian en el Instituto Pedagógico de Jaén 150 soles. Unos 30 euros... que mucha gente no puede pagar. Si echan cuentas dan ganas de llorar y una se siente culpable. En un fin de semana gasto más de 30 euros fácilmente.

Si un fin de semana me quedase en casa en vez de salir, podría pagar los estudios de Michel. O de Litza, o de Mercisa, o de Jany. Porque 30 euros en Perú son mucha plata.

jueves, 21 de julio de 2011

Perú es proliferación de niños

Cuando uno pasea por las calles de Perú o viaja por caminos o carreteras suele fijarse en dos cosas: una es el paisaje, con grandes contrastes, y otro es la cantidad de niños que hay por todos lados. En España no sabemos qué hacer con nuestros mayores y, especialmente en los pueblos, faltan niños y jóvenes. Aquí los niños parece que nacen y crecen solos.

Si uno pasea por la calle seguro que se cruza con niños jugando en chancletas o descalzos y llenos hasta arriba de polvo o barro. Una de las cosas que más me impresionaron fue ver a un niño que se había meado los pantalones y seguía jugando y corriendo descalzo, dando saltos entre las zanjas de las obras de alcantarillado. Medio Jaén está abierto en canal y los niños tienen su zona de juego en las trincheras.

Esta gran cantidad de niños también trae consigo un buen número de abandonos familiares. Está a la orden del día el abandono de los niños por parte de sus padres, especialmente los hombres. La sociedad aquí es bastante más machista que la española, especialmente en los pueblos y en las zonas más aisladas, como la selva, donde el Apo, siempre varón, es la máxima autoridad. Muchas chicas se quedan embarazadas rondando los 18 años y se dedican a tener hijos, cuidarlos, atender la casa... y el marido a tomar (a beber). Otras son abandonadas por sus parejas. Algunos hombres van dejando hijos a su paso sin importar quién los va a alimentar. O cómo.

Especialmente en la selva, la idea generalizada entre las adolescentes peruanas es tener hijos cuando terminan secundaria, si es que terminan. Eso ocurre cuando tienen 15 o 16 años. Mis chicas dicen que ellas, como están estudiando carreras, no van a ser así, pero que en sus comunidades nativas es lo normal. Ellas son las futuras líderes de su comunidad, en las que el Apo, siempre el y nunca la, seguirá tendiendo la primera y la última palabra.