
Compras unas alas negras en los chinos más cercanos. Te pintas las uñas de negro. Te pones medias negras, botas negras, vestido negro y camiseta encima del vestido. Cuanto más capas y más pintas raras mejor. Luego toca accesorios varios: collares con pedruscos gordos, reloj negro, pulsera negra, pendientes negros, cinturón de tachuelas o cualquier cosa metálica. El mejor momento llega cuando tienes que darte kilo y medio aproximado de maquillaje mezclado con pintura blanca para quitar cualquier tono de piel humana que pueda tener tu cara. Con paciencia conseguirás un tono de piel similar al de un cadáver. Luego te pintas los ojos negros, muy negros. Una mezcla entre "llevo doce horas de fiesta y encocado" y "no tengo pigmentos".
Y en un periquete ya tienes un traje de carnaval de... digamos... ángel caído.